E l   b l o g   d e   A l e j o   d e   l o s   R e y e s

Bienvenidos a este blog, con escritos sobre música, aprendizaje, tango, guitarra, reflexiones e historias. Más que nada, son pensamientos que surgieron en un par de décadas de enseñanza de la guitarra, y una vida dedicada a la música.

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Pensamientos sobre el silencio (I)

Sería más bien ingenuo suponer que soy el primero en hablar sobre el silencio. Ya lo han hecho poetas, músicos, filósofos, psicólogos, lingüistas, a lo largo de toda nuestra cultura.


Hasta sería un poco soberbio el pretender decir que haré un aporte a esa nutrida bibliografía; más bien, intentaré en estas líneas ubicar varias de esas disquisiciones en la perspectiva de un músico.

La perspectiva de un músico sobre el silencio es, entre otras cosas, pragmática. No debe ignorarse que la música es probablemente una de las pocas actividades humanas (o la única) que inventó un signo para notar el silencio. El silencio en la música tiene una duración (relativamente) mensurable y es un signo de igual importancia que los que indican la producción de sonido.

Por fuera de la música, la concepción del silencio es vaga: no sin cierta soberbia, creemos que el silencio es eso que acontece cuando no estamos hablando.


¿Qué significa, entonces, un silencio en notación musical? Sin dudas, no es la ausencia de sonido (la ausencia de sonido no existe: cuando calla el instrumento sigue habiendo todo tipo de sonidos). Se podría pensar que es la ausencia de acción, pero de todas maneras esa idea no me conforma; para producir el silencio indicado en la partitura, el músico también debe realizar una acción (por ejemplo, la acción de cortar un sonido tocado previamente, en el caso de la guitarra).

En principio, podemos considerar que el silencio no es la ausencia de sonido ni de acción. Mucho menos puede ser una ausencia de sentido; empezando por el hecho de que interpretar un signo que indica silencio en la partitura implica una producción de sentido en si, y ésto sin considerar cuantos significados y sentidos puede tener el silencio. Como dice Eduardo del Estal, "cada silencio calla algo diferente"; por eso siempre tendrá distinto sentido.

En todo caso, podemos acordar en que el silencio implica, en la música, la aparición de un sentido diferente que el del resto de los signos de una partitura.

En eso el silencio se parece bastante al ruido. Ambos se oponen al "sonido" solamente desde una perspectiva semiótica. Es el proceso de semiosis (la decodificación de un signo) el que hace que digamos que alguien está hablando o callando. Al igual que en el habla, la música es una interrupción de ese silencio que reduce su significado. Así como en la óptica, la luz blanca se descompone en el resto de los colores del espectro visual (y, al igual que el sonido, también contiene otros colores -infrarrojo y ultravioleta- que no podemos percibir), el silencio (y el ruido) contienen una infinitud de sonidos. Cuando alguien habla, ese infinito se reduce a (con suerte) un número pequeño de sentidos, que es lo que posibilita el proceso de semiosis y también el de estesis (percepción de la belleza). De la comprensión cabal de ese poder infinito del silencio nace la veneración que por él tienen las culturas milenarias, las sociedades sin desarrollo industrial, y también ciertos artistas. De entre los millones de ellos que se han referido al silencio (entre los que nunca debería faltar la cita a Atahualpa Yupanqui) cito a una estrofa de una chacarera muy popular de Peteco Carabajal: ¡Cantor! Para cantar, si nada dicen tus coplas / ¡Ay! ¿Para qué vas a callar al silencio? / si es el silencio un cantor, lleno de duendes en la voz.